Impaia
por oriondepanthoseas
6 horas de lectura
Autor: Orión de Panthoseas
Temática: Novela
Género: Narrativa
N° de páginas: 214
Tamaño: 150x210
Estado: Público
Sinopsis
Los hechos - no exentos de cualquier modo de pinceladas de humor a lo largo de toda la obra - tienen lugar en el país de Impaia durante el último de sus múltiples períodos de dictadura.
De las tres secuencias en que pudiera estructurarse la obra, la primera y la tercera tienen por escenario el pueblecito de Gerome, y, la segunda, la capital del país.
La acción arranca de forma simultánea con el descubrimiento de la tribu de Los Orcones por Joaquín el Seco, con su consiguiente regreso a Gerome, y la discusión que, en Concejo abierto, sostenían entonces los vecinos acerca de la conveniencia o no de suprimir el servicio de Leví, un viejísimo autobús, discusión fuertemente mediatizada por don Gregorio, cura párroco, personaje temperamental y pro régimen, clave en el encaje y desarrollo de la novela.
Por supuesto se suscita el choque entre don Gregorio y don Gaspar Monsalet, ingeniero graduado en EE.UU que, tras haber sido acusado y condenado por masón, desterrado a unas islas y asentado más tarde en Gerome, su pueblo natal, únicamente le es permitido trabajar mediante la utilización de la antigua y derruida fragua familiar, la cual, entre él y su mujer, una bellísima somalí, llegada como polizón a Impaia, consiguen reconstruir.
Alejandro, hijo único de ambos, con coeficiente intelectual de primer orden y protagonista de la novela en la segunda parte, se está preparando sin embargo para sacerdote en el seminario, aunque acude a un tiempo a la universidad bajo la discreta protección de un ex-jesuita amigo y expulsado por heterodoxo de la orden: el profesor Laínez.
sí, pues, y sobre este orden de cosas, tensado el ambiente por una más feroz dictadura, con un cura embebido en el Régimen y un masón haciéndole frente, más un jefe de unidad de Guardia a la usanza bajo una tradición inamovible, es cuando de manera simultánea e inesperada comienzan a surgir personajes tales como el tullido Enedino “El Lento” o los ancestrales orcones Oceda y Amindo, los cuales, unos y otros, muestran capacidades portentosas tanto para hacer ajustes y recolocaciones de salud como exhibiendo dotes extraordinarias para la adivinación instantánea o el vislumbre del futuro; estímulos éstos capaces por sí mismos de remover y disparatar la ambición, la seguridad y el universo hasta entonces conocido de las humildes y hasta entonces sumisas y devotas gentes de Gerome.
Por tanto, convertido el pueblo con suma rapidez en lugar mundial de peregrinación al socaire de recobrar la salud, o por el afán íntimo de descifrar y hacerse con los misterios más profundos del mundo o tomar conocimiento cierto acerca del propio futuro, es por lo que veremos acudir a él un piélago de gentes de todo tipo y condición con sus innumerables religiones, lenguas, asechanzas y costumbres más diversas.
Pero, este aluvión que en principio había aparecido como algo sin importancia, es intuido ahora por el cura-párroco y el Régimen como peligro inminente, por lo que tomado en sus manos el poder local por el cura, asistido a su vez por las fuerzas represoras, como asimismo de determinados civiles adictos al Régimen, tras un episodio de aparentes plagas bíblicas bajo un calor infinito en que los geromenses y peregrinos llegan a esperar sin ponerlo en duda el definitivo fin del mundo, pero que no ha de tener lugar debido a un enorme y supuesto milagro de Alejandro, los augures y personajes contra-régimen serán detenidos, encarcelados e inmediatamente asesinados en sus propias casas, la misma noche de su falsa puesta en libertad y al abrigo de truenos de una descomunal tormenta.
La acción de la segunda parte gira decididamente en torno de Alejandro. Éste, aún en el seminario, y cuando ya eran grandes sus dudas acerca de la viabilidad de su futuro apostolado, había tenido una relación esporádica con una joven dama de altísima alcurnia. Por tanto, asesinados sus padres y enterrados en Gerome, abandona éste y se instala en la capital, donde conscientemente va eligiendo sus trabajos sucesivos, sus lugares, sus amistades y sus tiempos; en definitiva: va diseñando previamente sus futuras experiencias de cara a forjarse para un mundo que pretende conocer a fondo. Pero, a la vez, también huye conscientemente de la dama, a la que, si bien ama y añora, a la vez la teme porque intuye que este amor recíproco le coartaría la libertad y esta libertad la necesita tanto para luchar como para vivir. Tiene lugar por tanto en el protagonista un duelo existencial interior y profundo. Las vivencias que sobrevienen muestran retazos de vida de posguerra, condiciones vivas de los contactos del protagonista en cuanto que trabajador, en cuanto que rebelde y en cuanto que amante a través del ámbito de la empresa en que trabaja en relación con la policía y los prostíbulos en los que hasta cierto punto convivía …
Pero, definitivamente, un día lo detienen al salir de un teatro y es torturado. Un amanecer, al recuperar la conciencia, se descubre tirado entre agua y barro en medio de un pinar. Sin embargo ha salvado la vida porque el día antes acaba de saltar por los aires, mediante explosión de bomba, una parte del palacio episcopal, hecho ocurrido, precisamente, a la misma hora en que él debía acudir a una cita con el Cardenal asesinado.
Pero nuestro protagonista, joven, inteligente y fuerte por entonces, poco a poco va sintiendo necesidad imperiosa de reencontrarse con su amante noble, por lo que la cita, concertada sutilmente, tendrá lugar sobre dos reclinatorios de la Sala Capitular bajo la estrecha vigilancia del capellán de la orden de clausura, donde la mujer, aún novicia, espera tomar hábitos, previa declaración por La Rota de su nulidad matrimonial con un importantísimo personaje de la Dictadura.
Se recrea, por otro lado, un representativo ambiente capitalino con pretensiones de progresía y antirégimen, de época, con el cual va a convivir también nuestro hombre. Matan a su compañero de cuarto y los demás son detenidos, por lo cual debe huir a toda prisa en un vagón de ganado, refugiándose con suma discreción en Gerome.
¿ … y Gerome ? Gerome, mientras tanto, ha sido atacado por una enfermedad desconocida la cual deseca y carcome todo, por lo que el pueblo se encuentra en un estado de absoluta desidia, abandono y avanzada ruina y descomposición. ¿ También Gerome habría sido abandonado por Clementino, antiguo capataz de su padre… ? – se pregunta -. No, no. Ni tampoco por Mohamed Jassar, “El Moro”, ni por Jacinta “La Pelucas”, única, ancestral y tolerada prostituta del pueblo y ambos amantes. Por lo que, al llegar, tras asombrarse ante semejante desastre, se inquiere a si mismo: ¿ qué, qué puedo hacer yo aquí… ? Y entonces, cuando en busca del qué y del cómo, allá, dentro de sí mismo, es cuando escucha una voz misteriosa que le dice: “Crea un Estado”. Y cree en aquella voz. Por lo que decidido a ello, es a través de sus capacidades mentales y espirituales, alcanzadas tras un intenso período de reflexión acerca de aquella santidad a la que había aspirado en sus días de seminario, y por medio de la precipitación, como materializa oro suficiente con el que, con ayuda de los correspondientes embajadores plenipotenciarios de los antiguos países aliados, consigue comprar al Gobierno de la Dictadura el territorio de “Fénix”, compendio de los siete pueblos enfermos y abandonados, pertenecientes a la misma demarcación y comarca que Gerome.
Próximo el final, la novela describe con quiénes y de qué manera va emergiendo y concretándose este “Fénix” último (pequeñísimo oasis de progreso y libertad) el cual se encuentra inmerso, eso sí, en el mismo corazón de Impaia. Pero al final, la Dictadura, al objeto de erradicar germen tan nocivo y cercano, aunque una vez más reacciona de forma violenta, no conseguirá en esta ocasión sus propósitos, hecho éste que permite al pueblo entero de Impaia imponerse al dictador. Inmediatamente se forma una Comisión Constituyente y son convocadas, a la vez que elecciones generales, elecciones a presidente electo de la República.
Las últimas páginas narran cómo, cuando en precampaña se celebra un concierto de música en el ámbito de un castillo en ruinas, excitado y en mangas de camisa, aparece Alejandro a fin de detenerlo aunque acababa de comenzar…, porque reanudado que fue, ipso facto, y tras su intervención, de forma aparatosa y espectacular el inmenso muro del castillo se viene abajo; prueba fehaciente para él de la constante y anhelada búsqueda que en vida llevó a cabo su padre: cual era llegar a descubrir la clave musical o composición tónica y cohesionante de cada material componente de aquel muro y de la materia en general. Ya, en el mismo fin, Alejandro, a la vez que de forma serena y tranquila procede a alejarse en solitario del lugar de los hechos, Clementino, observándolo, descubre cómo físicamente va empequeñeciéndose y empequeñeciéndose hasta terminar su figura por desaparecer ante su vista y por completo. Y Clementino, no queriendo perder a su gran amigo y temiendo por su vida, como un rayo sale con la moto tras de él. E inmediatamente, entre los presentes civiles y agentes de la autoridad, tras una concienzuda y fatigosa búsqueda, tanto a uno como a otro, si bien de forma increíble y humanamente inexplicable, se les da provisionalmente por desaparecido.
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