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EL GÜERITO

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  • Author: Rosalba Chávez Bocanegra.
  • Status: Public
  • Number of pages: 41
  • Size: 170x235
  • Inside: Black and white
  • Binding: Ringed
  • Cover finish: Brillo
  • Downloads: 28
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Es la historia de un muñeco “güerito”  adoptado por una muñeca de manta. La muñeca elaborada por los indígenas,  tiene fuertes sentimientos de bondad y adora que sus hijos compartan todo lo que comen a pesar de sus carencias económicas. Sin embargo el muñeco enferma en medio de la pobreza y comienza una batalla de sus padres adoptivos por su vida.

 El Güerito

         I

         Juanito enfermo

         En un pueblo de un lugar no muy lejano llamado La Realidad, se escuchaban unos quejidos que salían de una de las pequeñas casas de palma y pasto.

            —¡Mamá, maaa, me lele, leele! —se quejaba Juanito; un muñeco de trapo, de cabellos de estambre amarillo, de piel de tela color rosa, quien usaba zapatos de gamuza, camisa blanca, pantalón y saco de terciopelo bordado en el pecho con el apodo de “El Güerito”.       Llamaba a María, su madre; una muñeca hecha de manta, de trenzas hiladas de negros estambres, adornadas de coloridos listones verde, blanco y rojo; quien lucía un hermoso vestido con flores bordadas en coloridos hilos.

            Los quejidos despertaron a Venancio, su padre; un muñeco hecho de una rama de árbol, quien usaba un pantalón descosido y una desgastada camisa de colores opacados por el sol.  Venancio, apenas lo escuchó, se levantó de su cama de piedra  y  fue a verlo al cuarto de palma y pasto. Se acercó tiernamente a la cama de algodón donde dormía y  le preguntó:

            —¿Que ti duili mi niño?

            —¡Paito, lele tuto! —se quejó Juanito, frunciendo de dolor su pequeña boca de hilo y sobando con la mano su pansita.

         El hombre de rama lo tomó en sus brazos  y le preguntó:

            —¿Pos que comites ayer?

            —Omí ocos, coles y tillas, pá —contestó Juanito, quien al igual que todos había comido el día anterior caracoles en sopa de verdura,  moscos en arroz y tortillas, todo preparado por su mamá.  Ni una sola vez se habían enfermado del estómago, pues los moscos y caracoles estaban tan limpios como los verdes valles y los verdes campos donde vivían y se alimentaban.

            —Mijo,  pus eso no hace mal. ¿Qué otra cosa comites?  Me cuerdo ayer Felipe te llevo jugar, ¿a dónde jueron? ¿Jueron al rancho del Monote Rico? —preguntó Venancio a su pequeño hijo, quien no le contestó, por lo que le volvió a preguntar:

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